Domingo por la mañana, llueve, desde mi ventana solo un cielo gris y bloques de hormigón, más grises si cabe. Y así, con el chocar de las gotas contra el cristal y alguna sirena lejana, comienza un nuevo día, otro mas, igual que ayer y quizá, igual que mañana.
Tres meses han pasado ya desde el accidente. El otoño acabo, pasaron las fiestas de fin de año, otro año mas, y todo es igual. Los propósitos de Año Nuevo se esfumaron con el amanecer , cada cambio de guarismo, trae menos esperanzas y cada vez es menor la ilusión de un nuevo ciclo, de una nueva vida.Los médicos, me dicen que ya me falta poco. Y ahora las ganas de volver a la vida, a la rutina del trabajo, a los madrugones, que hasta hace días era lo que me mantenía, ahora, se han convertido en una especie de pánico, de vértigo. La vuelta en tiempos de crisis, el no tener la certeza de volver a la vida que se detuvo, de no recobrar la estabilidad.
Son días grises, y no porque llueva. Esperemos que llegue la calma.........


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